Hay miradas que son como telas deslavadas: lo supe hoy, cuando me vi al espejo.
Traigo a cuestas las ganas de verla y la cobardía de no llamarle.
Por eso me siento como un saco de arena,
un saco de arena golpeado por un destino boxeador,
un saco de arena al que le crujen las cadenas y se le descosen las costuras.
Me fallan los reflejos y sonrío a destiempo, me llueve la mirada y se me anuda la garganta.
No traigo mariposas en la panza sino vacío, oscuro y silencioso vacío, no me doy cuenta cómo ni cuándo pasa el tiempo, pero sé que pasa porque el cabello y la barba me crecen, porque me da hambre, porque me da sueño.
La extraño como la pecera al mar.