Ya son tres los cigarrillos que han dado la vida por esta idea que estoy buscando aterrizar. Hablar de que vuelves, de que la espera terminó, de que el naufragio no fue más que un mar abierto que amainó con el amanecer. Afuera, la noche hace ruidos de ciudad adormecida. Adentro, la sangre que bombea por la carretera de mis venas a paso de Mustang 67.
Vuelves y me cimbras el destino, me adormeces el pasado, descongelas los latidos que, sin ti, se han vuelto compases arrítmicos y desfasados de este baterista amateur de Funk que es mi corazón cuando tu nombre.
Lo bueno fue que me dediqué a ordenar la casa, la vida y el semblante. Quería que me vieras mejor que cuando te fuiste. Seguí vivo y viviendo. Pude darme cuenta de que las tristezas ya no me duran como antes. Toqué fondo y salí a la superficie el mismo día. Me descubrí siendo una versión mejorada del que fui cuando creí que no podía ser mejor.
Me gusta esta cotidianidad de lo nuestro, a veces tan Buster Keaton y otras tantas tan Robert De Niro. Me gusta que se nos vean las costuras porque así sabemos de qué estamos hechos y qué es lo que traemos por dentro.
No lo olvides: la llave de la puerta sigue estando oculta bajo la piedra de río que está en la macetita de la entrada.
domingo, 29 de junio de 2014
domingo, 8 de junio de 2014
Círculos viciosos
El golpeteo incesante de las puertas que no cierran del todo bien. El aire frío de las ventanas entreabiertas. La soledad que se expande como una explosión de dinamita dentro de un cuartito de dos por dos. La impaciencia que cronometra los cabizbajeos. El amor que se acumula pero no se mueve. Los estruendos que el hubiera deja zumbando en los oídos.
Todo esto es algo de con lo que tenemos plagada la cabeza los tipos que nos sorprendemos en el deja vú de algunos caminos, de algunas circunstancias, de algunos momentos.
Sentimos el desgaste de la suela del zapato. Vamos mirando a todos lados y mirando nada al mismo tiempo. Nos estorban los pensamientos optimistas porque conocemos el sabor a pavimento que tiene el fracaso inminente al que nos dirigimos. No andamos en círculos, nosotros somos el círculo por sí mismo.
¿Hay oportunidad de romper el círculo? Solo si queremos rompernos con él.
Todo esto es algo de con lo que tenemos plagada la cabeza los tipos que nos sorprendemos en el deja vú de algunos caminos, de algunas circunstancias, de algunos momentos.
Sentimos el desgaste de la suela del zapato. Vamos mirando a todos lados y mirando nada al mismo tiempo. Nos estorban los pensamientos optimistas porque conocemos el sabor a pavimento que tiene el fracaso inminente al que nos dirigimos. No andamos en círculos, nosotros somos el círculo por sí mismo.
¿Hay oportunidad de romper el círculo? Solo si queremos rompernos con él.
viernes, 6 de junio de 2014
Medias tintas
Dentro de la extensa gama de colores que tiene la diplomacia de la interlocución interpersonal, considero que el gris es la más triste de todas las tonalidades que puede alcanzar. Vivir en ese constante cambio de caminos en el que un pie pisa un sentido y el otro pie pisa otro, totalmente distinto, me parece una de las maneras más arbitrarias e injustificadas de justificarse.
Decidir o no hacerlo (que es por sí mismo una decisión) es el pan de cada día de esta gente que viene a retumbar con sus bolsillos tan faltos de certezas el suelo de los que vamos y venimos arrastrando las consecuencias de nuestras decisiones a cuestas.
Les parece sencillo llegar y desbaratar los montoncitos de arena a los que hemos ido dando forma con el tiempo y con las ganas, con paciencia y sin estruendo. Se les hace fácil desvencijar una maquinaria que por sí sola viene funcionando y que no precisa más gota de aceite que la intención de hacer algo.
Soy más de la idea de que las cosas se digan en blanco o en negro; que lo que es, sea y lo que no, no. No hay porqué vivir entreabriendo (o entrecerrando, según sea el caso) puertas que no tienen ninguna razón de estar entreabiertas (o entrecerradas). Hay que abrir y ventilar o cerrar y clausurar. Es sencillo.
El gris es una falta total de compromiso con uno mismo y con los demás. Es una carencia de respeto. Es duda. De eso estoy segurísimo; y la duda es un asesino serial, despiadado y presuroso, que gusta de matar expectativas inocentes y recién nacidas. La duda llega y se da como la mala hierba, plaga todo lo que alcanza a tocar con la punta de sus dedos grisáceos y polvosos. Transforma las flores en alacranes con alas.
Por eso hay que contar lo que sucede como sucedió. Hay que romper en mil pedazos los espejuelos de la personalización. Hay que escribir la vida con las tintas completas, no con las medias; porque si vivir es decidir, decidir es pasar en limpio el borrador de lo que ha sido una duda que decantó en consecuencia.
Decidir o no hacerlo (que es por sí mismo una decisión) es el pan de cada día de esta gente que viene a retumbar con sus bolsillos tan faltos de certezas el suelo de los que vamos y venimos arrastrando las consecuencias de nuestras decisiones a cuestas.
Les parece sencillo llegar y desbaratar los montoncitos de arena a los que hemos ido dando forma con el tiempo y con las ganas, con paciencia y sin estruendo. Se les hace fácil desvencijar una maquinaria que por sí sola viene funcionando y que no precisa más gota de aceite que la intención de hacer algo.
Soy más de la idea de que las cosas se digan en blanco o en negro; que lo que es, sea y lo que no, no. No hay porqué vivir entreabriendo (o entrecerrando, según sea el caso) puertas que no tienen ninguna razón de estar entreabiertas (o entrecerradas). Hay que abrir y ventilar o cerrar y clausurar. Es sencillo.
El gris es una falta total de compromiso con uno mismo y con los demás. Es una carencia de respeto. Es duda. De eso estoy segurísimo; y la duda es un asesino serial, despiadado y presuroso, que gusta de matar expectativas inocentes y recién nacidas. La duda llega y se da como la mala hierba, plaga todo lo que alcanza a tocar con la punta de sus dedos grisáceos y polvosos. Transforma las flores en alacranes con alas.
Por eso hay que contar lo que sucede como sucedió. Hay que romper en mil pedazos los espejuelos de la personalización. Hay que escribir la vida con las tintas completas, no con las medias; porque si vivir es decidir, decidir es pasar en limpio el borrador de lo que ha sido una duda que decantó en consecuencia.
jueves, 5 de junio de 2014
Escribimos
Escribimos sobre lo que nos duele, como si con ello los dolores amainaran o, cuando menos, jugaran al escondite y se hicieran menos perceptibles a primera mano.
Escribimos sobre nuestros fantasmas para ver si viéndolos de frente nos asustan menos.
Escribimos sobre los amores que no tenemos para eternizarlos en ese instante que dura la pluma (o el procesador de texto) trazando sus nombres, sus características, sus calificativos.
Escribimos sobre el mundo para ver si alcanzamos a entenderlo tanto como decimos que lo hacemos. Escribimos sobre la muerte para que a la vida le den un poquito de celos y decida quedarse otro ratito.
Escribimos sobre la ausencia para acercarnos.
Escribimos sobre la guerra y sobre la paz, sobre la violencia y sobre la tranquilidad, sobre las lágrimas y las sonrisas.
Escribimos sobre las espaldas de las gentes que no nos miran.
Escribimos sobre los destierros, los exilios y sus fronteras.
Escribimos.
(Que quede claro que todo lo anterior, no son temas sobre los que se escriba: son superficies).
Escribimos sobre nuestros fantasmas para ver si viéndolos de frente nos asustan menos.
Escribimos sobre los amores que no tenemos para eternizarlos en ese instante que dura la pluma (o el procesador de texto) trazando sus nombres, sus características, sus calificativos.
Escribimos sobre el mundo para ver si alcanzamos a entenderlo tanto como decimos que lo hacemos. Escribimos sobre la muerte para que a la vida le den un poquito de celos y decida quedarse otro ratito.
Escribimos sobre la ausencia para acercarnos.
Escribimos sobre la guerra y sobre la paz, sobre la violencia y sobre la tranquilidad, sobre las lágrimas y las sonrisas.
Escribimos sobre las espaldas de las gentes que no nos miran.
Escribimos sobre los destierros, los exilios y sus fronteras.
Escribimos.
(Que quede claro que todo lo anterior, no son temas sobre los que se escriba: son superficies).
lunes, 14 de abril de 2014
Nuestro primer beso
Nuestro primer beso será todo lo que pueda ser: dulce, delicado, salvaje, irreverente, apasionado, aromático, único, mágico, ingenuo, sumiso, agresivo, volátil, certero, sincero, auténtico. Estará rodeado por un halo de misterio y adrenalina que nos convertirá la respiración y el cuerpo en tormentas tropicales de bolsillo.
En nuestro primer beso no habrá espacio para el decoro o para la duda, será el instinto puro de la supervivencia de esto que nos mantiene unidos aún cuando no. Nos dejará llenos y vacíos al mismo tiempo. Repintará lo que creíamos haber pintado de color tristeza. Nos inflará (de nuevo) el alma.
Siempre que ese primer beso esté no nos faltará agua potable, ni comida, ni refugio; ni habrá crucigramas que nos atoren las palabras en la garganta o en los dedos. Con la lengua nos quitaremos el miedo, el frío, la sed. Entre tu boca y la mía estará el sitio indicado para poner cualquier cosa que nos haga lo suficientemente felices como para llorar juntos por ello.
En ese primer beso nos cabrán todos los años que hemos pasado buscándolo. Explotará en nuestros labios como un sol en formación (y en miniatura). Nos recordará que la piedrita que sentíamos en el zapato del pecho es un corazón que late y que no quiere otra cosa que ser tratado como un ave herida.
Nuestro primer beso será el principio de una marabunta de besos, de una jauría de besos, de un tumulto de besos, de un cardumen de besos, de una parvada de besos, de una avalancha de besos, de una multitud de besos, de una colección de besos. De todo lo que pueda iniciarse con un beso.
En nuestro primer beso no habrá espacio para el decoro o para la duda, será el instinto puro de la supervivencia de esto que nos mantiene unidos aún cuando no. Nos dejará llenos y vacíos al mismo tiempo. Repintará lo que creíamos haber pintado de color tristeza. Nos inflará (de nuevo) el alma.
Siempre que ese primer beso esté no nos faltará agua potable, ni comida, ni refugio; ni habrá crucigramas que nos atoren las palabras en la garganta o en los dedos. Con la lengua nos quitaremos el miedo, el frío, la sed. Entre tu boca y la mía estará el sitio indicado para poner cualquier cosa que nos haga lo suficientemente felices como para llorar juntos por ello.
En ese primer beso nos cabrán todos los años que hemos pasado buscándolo. Explotará en nuestros labios como un sol en formación (y en miniatura). Nos recordará que la piedrita que sentíamos en el zapato del pecho es un corazón que late y que no quiere otra cosa que ser tratado como un ave herida.
Nuestro primer beso será el principio de una marabunta de besos, de una jauría de besos, de un tumulto de besos, de un cardumen de besos, de una parvada de besos, de una avalancha de besos, de una multitud de besos, de una colección de besos. De todo lo que pueda iniciarse con un beso.
miércoles, 8 de enero de 2014
Declaración
Soy una colección de miedos de todos tamaños, colores y calibres. Me sé vulnerable al sudor frío. Respiro agitadamente y contengo la respiración casi al mismo tiempo. Sonrío en pagos y lloro al contado. Desequilibro suposiciones. Muerdo manos que alimentan. Dudo como quien mira y no ve nada. Predigo el pasado. Toco la guitarra, el piano y la armónica, escribo canciones, canto. Sueño más de lo que duermo. Tropiezo y el cielo es la piedra.
Estoy.
Estoy.
domingo, 5 de enero de 2014
Ley de los estados equivalentes.
Para hablar de cómo la quiero, de cuánto la quiero o de por qué la quiero podría usar cualquier espacio en donde se me conceda la palabra. Para mí, ella es el barco, el mar y la tormenta; todos en un mismo (e inmejorable) empaque. Me sabe suyo, tal y como ella es para sí.
Me desencadena los insomnios, las sonrisas, los llantos, el anhelo de llegar, las ganas de irme, la razón para quedarme. Articula frases cortas que me erizan la piel del mismo modo en que lo hace el frío de una madrugada de enero.
Es mi melena de Sansón, mi talón de Aquiles, mi refugio. Desconoce el epicentro en que me ha convertido el pecho; pero no es su culpa. Yo, como buen profesional en el uso de la discreción y sus motivos he sabido quedarme callado, lo suficiente como para que haya habido tiempo de recoger escombros, de cimentar reconstrucciones.
Yo sería incapaz de llamarla por calificativos deleznables. Siendo ella la flor más bonita de mi balcón, no me queda más que aprender a regar con soltura.
(Y es que he oído que hay flores que se han escapado de sus macetas).
Siempre, al querer tanto a alguien, se desquiere a otro alguien que, generalmente, terminamos por ser nosotros mismos. Y no, no es demagogia, es una ley de la alquimia llamada «Ley de los estados equivalentes» que dicta que si quieres obtener algo, debes dar algo del mismo valor a cambio.
Me desencadena los insomnios, las sonrisas, los llantos, el anhelo de llegar, las ganas de irme, la razón para quedarme. Articula frases cortas que me erizan la piel del mismo modo en que lo hace el frío de una madrugada de enero.
Es mi melena de Sansón, mi talón de Aquiles, mi refugio. Desconoce el epicentro en que me ha convertido el pecho; pero no es su culpa. Yo, como buen profesional en el uso de la discreción y sus motivos he sabido quedarme callado, lo suficiente como para que haya habido tiempo de recoger escombros, de cimentar reconstrucciones.
Yo sería incapaz de llamarla por calificativos deleznables. Siendo ella la flor más bonita de mi balcón, no me queda más que aprender a regar con soltura.
(Y es que he oído que hay flores que se han escapado de sus macetas).
Siempre, al querer tanto a alguien, se desquiere a otro alguien que, generalmente, terminamos por ser nosotros mismos. Y no, no es demagogia, es una ley de la alquimia llamada «Ley de los estados equivalentes» que dicta que si quieres obtener algo, debes dar algo del mismo valor a cambio.
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