lunes, 14 de abril de 2014

Nuestro primer beso

Nuestro primer beso será todo lo que pueda ser: dulce, delicado, salvaje, irreverente, apasionado, aromático, único, mágico, ingenuo, sumiso, agresivo, volátil, certero, sincero, auténtico. Estará rodeado por un halo de misterio y adrenalina que nos convertirá la respiración y el cuerpo en tormentas tropicales de bolsillo.

En nuestro primer beso no habrá espacio para el decoro o para la duda, será el instinto puro de la supervivencia de esto que nos mantiene unidos aún cuando no. Nos dejará llenos y vacíos al mismo tiempo. Repintará lo que creíamos haber pintado de color tristeza. Nos inflará (de nuevo) el alma.

Siempre que ese primer beso esté no nos faltará agua potable, ni comida, ni refugio; ni habrá crucigramas que nos atoren las palabras en la garganta o en los dedos. Con la lengua nos quitaremos el miedo, el frío, la sed. Entre tu boca y la mía estará el sitio indicado para poner cualquier cosa que nos haga lo suficientemente felices como para llorar juntos por ello.

En ese primer beso nos cabrán todos los años que hemos pasado buscándolo. Explotará en nuestros labios como un sol en formación (y en miniatura). Nos recordará que la piedrita que sentíamos en el zapato del pecho es un corazón que late y que no quiere otra cosa que ser tratado como un ave herida.

Nuestro primer beso será el principio de una marabunta de besos, de una jauría de besos, de un tumulto de besos, de un cardumen de besos, de una parvada de besos, de una avalancha de besos, de una multitud de besos, de una colección de besos. De todo lo que pueda iniciarse con un beso.

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