martes, 9 de agosto de 2011

Para no estorbarle a tus pulmones.

Vienes y te vas...
Cargada de silencios que hieren de muerte a los oídos.

Se te olvida que estamos los que te vemos pasar y volamos un poco.
Los que pedimos de limosna una mirada, con medio pestañeo incluído.

Y no hablo precisamente de esa compasión idiota que se le tiene al que vive de rodillas, sino de la genuina empatía que hay cuando alguien agoniza tan fuerte por adentro, que los estragos se notan por fuera.

No por nada mi bolígrafo baila cuando te nota cerca.
No por nada escupe tinta en forma de algo parecido a las sobras de la mesa de Neruda, solamente para que tus ojos se posen encima y escurran un poquito de luz, un poquito de brillo, un poquito de esmalte.

Estoy seguro que, si quisieras, me dejarías acercarme para respirarte una sola vez detras del cuello. Pero como no quieres, me resulta más sencillo dejar de respirar para no estorbarle a tus pulmones cuando exhalen algo parecido a un suspiro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario