El golpeteo incesante de las puertas que no cierran del todo bien. El aire frío de las ventanas entreabiertas. La soledad que se expande como una explosión de dinamita dentro de un cuartito de dos por dos. La impaciencia que cronometra los cabizbajeos. El amor que se acumula pero no se mueve. Los estruendos que el hubiera deja zumbando en los oídos.
Todo esto es algo de con lo que tenemos plagada la cabeza los tipos que nos sorprendemos en el deja vú de algunos caminos, de algunas circunstancias, de algunos momentos.
Sentimos el desgaste de la suela del zapato. Vamos mirando a todos lados y mirando nada al mismo tiempo. Nos estorban los pensamientos optimistas porque conocemos el sabor a pavimento que tiene el fracaso inminente al que nos dirigimos. No andamos en círculos, nosotros somos el círculo por sí mismo.
¿Hay oportunidad de romper el círculo? Solo si queremos rompernos con él.
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