lunes, 14 de abril de 2014

Nuestro primer beso

Nuestro primer beso será todo lo que pueda ser: dulce, delicado, salvaje, irreverente, apasionado, aromático, único, mágico, ingenuo, sumiso, agresivo, volátil, certero, sincero, auténtico. Estará rodeado por un halo de misterio y adrenalina que nos convertirá la respiración y el cuerpo en tormentas tropicales de bolsillo.

En nuestro primer beso no habrá espacio para el decoro o para la duda, será el instinto puro de la supervivencia de esto que nos mantiene unidos aún cuando no. Nos dejará llenos y vacíos al mismo tiempo. Repintará lo que creíamos haber pintado de color tristeza. Nos inflará (de nuevo) el alma.

Siempre que ese primer beso esté no nos faltará agua potable, ni comida, ni refugio; ni habrá crucigramas que nos atoren las palabras en la garganta o en los dedos. Con la lengua nos quitaremos el miedo, el frío, la sed. Entre tu boca y la mía estará el sitio indicado para poner cualquier cosa que nos haga lo suficientemente felices como para llorar juntos por ello.

En ese primer beso nos cabrán todos los años que hemos pasado buscándolo. Explotará en nuestros labios como un sol en formación (y en miniatura). Nos recordará que la piedrita que sentíamos en el zapato del pecho es un corazón que late y que no quiere otra cosa que ser tratado como un ave herida.

Nuestro primer beso será el principio de una marabunta de besos, de una jauría de besos, de un tumulto de besos, de un cardumen de besos, de una parvada de besos, de una avalancha de besos, de una multitud de besos, de una colección de besos. De todo lo que pueda iniciarse con un beso.

miércoles, 8 de enero de 2014

Declaración

Soy una colección de miedos de todos tamaños, colores y calibres. Me sé vulnerable al sudor frío. Respiro agitadamente y contengo la respiración casi al mismo tiempo. Sonrío en pagos y lloro al contado. Desequilibro suposiciones. Muerdo manos que alimentan. Dudo como quien mira y no ve nada. Predigo el pasado. Toco la guitarra, el piano y la armónica, escribo canciones, canto. Sueño más de lo que duermo. Tropiezo y el cielo es la piedra.

Estoy.


domingo, 5 de enero de 2014

Ley de los estados equivalentes.

Para hablar de cómo la quiero, de cuánto la quiero o de por qué la quiero podría usar cualquier espacio en donde se me conceda la palabra. Para mí, ella es el barco, el mar y la tormenta; todos en un mismo (e inmejorable) empaque. Me sabe suyo, tal y como ella es para sí.

Me desencadena los insomnios, las sonrisas, los llantos, el anhelo de llegar, las ganas de irme, la razón para quedarme. Articula frases cortas que me erizan la piel del mismo modo en que lo hace el frío de una madrugada de enero.

Es mi melena de Sansón, mi talón de Aquiles, mi refugio. Desconoce el epicentro en que me ha convertido el pecho; pero no es su culpa. Yo, como buen profesional en el uso de la discreción y sus motivos he sabido quedarme callado, lo suficiente como para que haya habido tiempo de recoger escombros, de cimentar reconstrucciones.

Yo sería incapaz de llamarla por calificativos deleznables. Siendo ella la flor más bonita de mi balcón, no me queda más que aprender a regar con soltura.

(Y es que he oído que hay flores que se han escapado de sus macetas).

Siempre, al querer tanto a alguien, se desquiere a otro alguien que, generalmente, terminamos por ser nosotros mismos. Y no, no es demagogia, es una ley de la alquimia llamada «Ley de los estados equivalentes» que dicta que si quieres obtener algo, debes dar algo del mismo valor a cambio.

sábado, 20 de agosto de 2011

¿Por qué te escribo?

Te escribo porque me resulta sencillo malabarear puntos y comas, reorganizar abecedarios y diagnosticar frases que te hagan enterarte de mi.
Te escribo porque es un método eficaz de atentar contra el olvido y porque la distancia termina con un click en el ícono de "enviar".
Te escribo porque me rehúso a permitir que sean otras letras las que te acaricien las pupilas y la piel, las que te germinen la sonrisa.

Te escribo porque, simplemente, no tengo otro modo de acariciarte el cabello y darte un beso en la frente.

martes, 9 de agosto de 2011

Para no estorbarle a tus pulmones.

Vienes y te vas...
Cargada de silencios que hieren de muerte a los oídos.

Se te olvida que estamos los que te vemos pasar y volamos un poco.
Los que pedimos de limosna una mirada, con medio pestañeo incluído.

Y no hablo precisamente de esa compasión idiota que se le tiene al que vive de rodillas, sino de la genuina empatía que hay cuando alguien agoniza tan fuerte por adentro, que los estragos se notan por fuera.

No por nada mi bolígrafo baila cuando te nota cerca.
No por nada escupe tinta en forma de algo parecido a las sobras de la mesa de Neruda, solamente para que tus ojos se posen encima y escurran un poquito de luz, un poquito de brillo, un poquito de esmalte.

Estoy seguro que, si quisieras, me dejarías acercarme para respirarte una sola vez detras del cuello. Pero como no quieres, me resulta más sencillo dejar de respirar para no estorbarle a tus pulmones cuando exhalen algo parecido a un suspiro.

viernes, 15 de julio de 2011

Como dijo Méliés.

-Tienes que comportarte como un jugador de Póker. Jamás muestres tus dudas ni tu miedo. En tu mano tienes una carta maestra, tu corazón. Crees que es una debilidad, pero si tomas la opción de asumir esa fragilidad, éste reloj-corazón te convertirá en alguien especial. ¡Lo que te hace diferente será tu arma de seducción!

-¿Mi discapacidad como arma de seducción? ¿Lo dice en serio?

-¡Pues claro! ¿Acaso a ti no te ha encandilado ella a pesar de su defecto en la vista?

-Oh, no es eso...

-No es eso, evidentemente, pero esta "diferencia" participa en su encanto. Utiliza la tuya, es el momento.

domingo, 12 de junio de 2011

De_presión

No me he levantado y todo porque ni la cama ha podido escupirme. Esto parece ser la señalización de que están por llegar mis días de depresión.

Y es que yo también me deprimo, como las aves que no vuelan y como los caracoles velocistas. Me deprimo porque aprendí a hacerlo. Me deprimo porque es fácil, porque es barato y porque puedo hacerlo a solas, a oscuras y a ciegas.

Uno puede hacerlo todo cuando está deprimido, como por ejemplo: intentar detener un tren con las manos o sentarse a leer un buen libro. Ver una película o comerse el postre más delicioso del mundo, pero nada tendría sentido, sabor, color.

La depresión altera la realidad, le quita los colores al mundo, estorba al caminar como una piedra en el zapato, da comezón como un piquete de mosquito. Duele como un dolor de muelas.

Mi remedio para ella es hablarle a las banquetas, traer las manos en los bolsillos, ahorrar sonrisas para usarlas en un momento de mayor (y mejor) urgencia, ponerme el cielo como una playera sin planchar y tararear alguna canción de la que no me he aprendido la letra.

Y es que la depresión, como tantas otras enfermedades, no es curable, solamente es tratable.