La distancia es un invento, un pretexto de los que no quieren o no saben quedarse (y por «quedarse» quiero decir «estar»). Si somos francos, lo más lejos que puede estar una persona es un boleto de autobús, de tren o de avión y todo eso, se soluciona de muchas maneras.
«No existe la distancia cuando hay voluntad». La gente que entiende esto sabe que no hay razón para preocuparse por unos cuántos kilómetros, por un par de horas de ausencia o por unos cuántos minutos de silencio.
Supe el oscuro y profundo secreto de la distancia cuando vivía en la misma ciudad que una chica a la que amaba y a la que no podía visitar ni llamar nunca. Ahí lo entendí todo. Supe que la excusa que nos venden los que se justifican con la distancia es igual de burda que las promesas de los políticos y de los religiosos.
No se preocupe por la distancia, al menos de este lado, las ganas y la intención no faltan. Desde aquella vez que la abracé como si no hubiera un mañana le entregué las llaves de este pequeño departamento en recontrucción que soy.
Pase.
Siempre es bienvenida.
Que acá donde yo, no le faltará lo básico: casa (un corazón), comida (besos) y abrigo (abrazos). Todo sazonado con la libertad necesaria para que vaya y venga como sea su voluntad, porque acá, lo que más importa, es la fogata de su sonrisa llenándolo todo de luz y de calor.
No estoy, no está, no estamos lejos. Arrímese.
lunes, 5 de diciembre de 2016
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Entre líneas
Realmente me parece que si lees entre líneas y con cuidado, te darás cuenta que tu nombre está en todas las cosas que escribo, en las cosas que hago, en las cosas que digo. Salvando todas las distancias, tu nombre es como el polvo que lo cubre todo y que, por más que se limpia, siempre vuelve a cubrir con su cortina todo lo que tenga superficie suficiente.
En serio, a veces soy un poquito más cobarde, y te diré que no es que yo quiera nombrarte a propósito, es que tu nombre ya está ahí mucho antes de que yo lo escriba, lo haga o lo diga.
Ganas de decirlo no me faltan: tu nombre respira, tiene pulso, vida propia, es capaz de moverse por todos lados y no levantar sospechas de sus verdaderas intenciones. Se camufla a voluntad y acecha peligrosamente en todos los silencios (incómodos y no). Tu nombre muerde y deja marca en el cuello, como los vampiros. Tu nombre aprieta la garganta y corta la respiración, deja moretones, provoca ansiedades que ningún medicamento puede controlar.
Imperioso —y antes que la cordura tome los controles— hay que aprovechar el jalón y escribir cuanto se pueda (y se deje) sobre tu nombre y sus desembocaduras, sus rutas, sus puertas de salida, sus ventanas, sus chimeneas, sus túneles de escape, sus llaves ocultas bajo el tapete de la entrada, sus paredes. Escribir como si fueras a leer; y a sonreír por haber leído.
No rápido sino lento, como cuando se aprende a caminar, es como debe saborearse tu nombre para que su sabor llegue derechito hasta el paladar. Lento, como un danzón de jardincito dominical y terceras edades.
Ahora imagínate nomás lo que seria que, leyendo, te encontraras. Aunque tampoco es para tanto, ya que siempre habrá árboles que quieran traer tu nombre de tatuaje.
En serio, a veces soy un poquito más cobarde, y te diré que no es que yo quiera nombrarte a propósito, es que tu nombre ya está ahí mucho antes de que yo lo escriba, lo haga o lo diga.
Ganas de decirlo no me faltan: tu nombre respira, tiene pulso, vida propia, es capaz de moverse por todos lados y no levantar sospechas de sus verdaderas intenciones. Se camufla a voluntad y acecha peligrosamente en todos los silencios (incómodos y no). Tu nombre muerde y deja marca en el cuello, como los vampiros. Tu nombre aprieta la garganta y corta la respiración, deja moretones, provoca ansiedades que ningún medicamento puede controlar.
Imperioso —y antes que la cordura tome los controles— hay que aprovechar el jalón y escribir cuanto se pueda (y se deje) sobre tu nombre y sus desembocaduras, sus rutas, sus puertas de salida, sus ventanas, sus chimeneas, sus túneles de escape, sus llaves ocultas bajo el tapete de la entrada, sus paredes. Escribir como si fueras a leer; y a sonreír por haber leído.
No rápido sino lento, como cuando se aprende a caminar, es como debe saborearse tu nombre para que su sabor llegue derechito hasta el paladar. Lento, como un danzón de jardincito dominical y terceras edades.
Ahora imagínate nomás lo que seria que, leyendo, te encontraras. Aunque tampoco es para tanto, ya que siempre habrá árboles que quieran traer tu nombre de tatuaje.
lunes, 2 de febrero de 2015
Quererte como quieres
Me gustaría quererte como quieres: con sus pausas y sus pasos, con su despedida intermitente, con su pirotecnia individual, con su respaldo en disco duro, con su silencio, con sus «te amo» unilaterales, con su indecisión, con su miedo.
Pero te quiero como sé, como siento, como aprendí, como lo he venido haciendo desde que te quise: con todo lo que soy en las manos, con la intensidad de explotar y mancharlo todo, con hambre, con sed, con su golpe de bugambilias en las pupilas, con un para siempre entre nosotros.
Me gustaría quererte como quieres.
Me gustaría.
Pero te quiero como sé, como siento, como aprendí, como lo he venido haciendo desde que te quise: con todo lo que soy en las manos, con la intensidad de explotar y mancharlo todo, con hambre, con sed, con su golpe de bugambilias en las pupilas, con un para siempre entre nosotros.
Me gustaría quererte como quieres.
Me gustaría.
domingo, 29 de junio de 2014
Bajo la piedra de río
Ya son tres los cigarrillos que han dado la vida por esta idea que estoy buscando aterrizar. Hablar de que vuelves, de que la espera terminó, de que el naufragio no fue más que un mar abierto que amainó con el amanecer. Afuera, la noche hace ruidos de ciudad adormecida. Adentro, la sangre que bombea por la carretera de mis venas a paso de Mustang 67.
Vuelves y me cimbras el destino, me adormeces el pasado, descongelas los latidos que, sin ti, se han vuelto compases arrítmicos y desfasados de este baterista amateur de Funk que es mi corazón cuando tu nombre.
Lo bueno fue que me dediqué a ordenar la casa, la vida y el semblante. Quería que me vieras mejor que cuando te fuiste. Seguí vivo y viviendo. Pude darme cuenta de que las tristezas ya no me duran como antes. Toqué fondo y salí a la superficie el mismo día. Me descubrí siendo una versión mejorada del que fui cuando creí que no podía ser mejor.
Me gusta esta cotidianidad de lo nuestro, a veces tan Buster Keaton y otras tantas tan Robert De Niro. Me gusta que se nos vean las costuras porque así sabemos de qué estamos hechos y qué es lo que traemos por dentro.
No lo olvides: la llave de la puerta sigue estando oculta bajo la piedra de río que está en la macetita de la entrada.
Vuelves y me cimbras el destino, me adormeces el pasado, descongelas los latidos que, sin ti, se han vuelto compases arrítmicos y desfasados de este baterista amateur de Funk que es mi corazón cuando tu nombre.
Lo bueno fue que me dediqué a ordenar la casa, la vida y el semblante. Quería que me vieras mejor que cuando te fuiste. Seguí vivo y viviendo. Pude darme cuenta de que las tristezas ya no me duran como antes. Toqué fondo y salí a la superficie el mismo día. Me descubrí siendo una versión mejorada del que fui cuando creí que no podía ser mejor.
Me gusta esta cotidianidad de lo nuestro, a veces tan Buster Keaton y otras tantas tan Robert De Niro. Me gusta que se nos vean las costuras porque así sabemos de qué estamos hechos y qué es lo que traemos por dentro.
No lo olvides: la llave de la puerta sigue estando oculta bajo la piedra de río que está en la macetita de la entrada.
domingo, 8 de junio de 2014
Círculos viciosos
El golpeteo incesante de las puertas que no cierran del todo bien. El aire frío de las ventanas entreabiertas. La soledad que se expande como una explosión de dinamita dentro de un cuartito de dos por dos. La impaciencia que cronometra los cabizbajeos. El amor que se acumula pero no se mueve. Los estruendos que el hubiera deja zumbando en los oídos.
Todo esto es algo de con lo que tenemos plagada la cabeza los tipos que nos sorprendemos en el deja vú de algunos caminos, de algunas circunstancias, de algunos momentos.
Sentimos el desgaste de la suela del zapato. Vamos mirando a todos lados y mirando nada al mismo tiempo. Nos estorban los pensamientos optimistas porque conocemos el sabor a pavimento que tiene el fracaso inminente al que nos dirigimos. No andamos en círculos, nosotros somos el círculo por sí mismo.
¿Hay oportunidad de romper el círculo? Solo si queremos rompernos con él.
Todo esto es algo de con lo que tenemos plagada la cabeza los tipos que nos sorprendemos en el deja vú de algunos caminos, de algunas circunstancias, de algunos momentos.
Sentimos el desgaste de la suela del zapato. Vamos mirando a todos lados y mirando nada al mismo tiempo. Nos estorban los pensamientos optimistas porque conocemos el sabor a pavimento que tiene el fracaso inminente al que nos dirigimos. No andamos en círculos, nosotros somos el círculo por sí mismo.
¿Hay oportunidad de romper el círculo? Solo si queremos rompernos con él.
viernes, 6 de junio de 2014
Medias tintas
Dentro de la extensa gama de colores que tiene la diplomacia de la interlocución interpersonal, considero que el gris es la más triste de todas las tonalidades que puede alcanzar. Vivir en ese constante cambio de caminos en el que un pie pisa un sentido y el otro pie pisa otro, totalmente distinto, me parece una de las maneras más arbitrarias e injustificadas de justificarse.
Decidir o no hacerlo (que es por sí mismo una decisión) es el pan de cada día de esta gente que viene a retumbar con sus bolsillos tan faltos de certezas el suelo de los que vamos y venimos arrastrando las consecuencias de nuestras decisiones a cuestas.
Les parece sencillo llegar y desbaratar los montoncitos de arena a los que hemos ido dando forma con el tiempo y con las ganas, con paciencia y sin estruendo. Se les hace fácil desvencijar una maquinaria que por sí sola viene funcionando y que no precisa más gota de aceite que la intención de hacer algo.
Soy más de la idea de que las cosas se digan en blanco o en negro; que lo que es, sea y lo que no, no. No hay porqué vivir entreabriendo (o entrecerrando, según sea el caso) puertas que no tienen ninguna razón de estar entreabiertas (o entrecerradas). Hay que abrir y ventilar o cerrar y clausurar. Es sencillo.
El gris es una falta total de compromiso con uno mismo y con los demás. Es una carencia de respeto. Es duda. De eso estoy segurísimo; y la duda es un asesino serial, despiadado y presuroso, que gusta de matar expectativas inocentes y recién nacidas. La duda llega y se da como la mala hierba, plaga todo lo que alcanza a tocar con la punta de sus dedos grisáceos y polvosos. Transforma las flores en alacranes con alas.
Por eso hay que contar lo que sucede como sucedió. Hay que romper en mil pedazos los espejuelos de la personalización. Hay que escribir la vida con las tintas completas, no con las medias; porque si vivir es decidir, decidir es pasar en limpio el borrador de lo que ha sido una duda que decantó en consecuencia.
Decidir o no hacerlo (que es por sí mismo una decisión) es el pan de cada día de esta gente que viene a retumbar con sus bolsillos tan faltos de certezas el suelo de los que vamos y venimos arrastrando las consecuencias de nuestras decisiones a cuestas.
Les parece sencillo llegar y desbaratar los montoncitos de arena a los que hemos ido dando forma con el tiempo y con las ganas, con paciencia y sin estruendo. Se les hace fácil desvencijar una maquinaria que por sí sola viene funcionando y que no precisa más gota de aceite que la intención de hacer algo.
Soy más de la idea de que las cosas se digan en blanco o en negro; que lo que es, sea y lo que no, no. No hay porqué vivir entreabriendo (o entrecerrando, según sea el caso) puertas que no tienen ninguna razón de estar entreabiertas (o entrecerradas). Hay que abrir y ventilar o cerrar y clausurar. Es sencillo.
El gris es una falta total de compromiso con uno mismo y con los demás. Es una carencia de respeto. Es duda. De eso estoy segurísimo; y la duda es un asesino serial, despiadado y presuroso, que gusta de matar expectativas inocentes y recién nacidas. La duda llega y se da como la mala hierba, plaga todo lo que alcanza a tocar con la punta de sus dedos grisáceos y polvosos. Transforma las flores en alacranes con alas.
Por eso hay que contar lo que sucede como sucedió. Hay que romper en mil pedazos los espejuelos de la personalización. Hay que escribir la vida con las tintas completas, no con las medias; porque si vivir es decidir, decidir es pasar en limpio el borrador de lo que ha sido una duda que decantó en consecuencia.
jueves, 5 de junio de 2014
Escribimos
Escribimos sobre lo que nos duele, como si con ello los dolores amainaran o, cuando menos, jugaran al escondite y se hicieran menos perceptibles a primera mano.
Escribimos sobre nuestros fantasmas para ver si viéndolos de frente nos asustan menos.
Escribimos sobre los amores que no tenemos para eternizarlos en ese instante que dura la pluma (o el procesador de texto) trazando sus nombres, sus características, sus calificativos.
Escribimos sobre el mundo para ver si alcanzamos a entenderlo tanto como decimos que lo hacemos. Escribimos sobre la muerte para que a la vida le den un poquito de celos y decida quedarse otro ratito.
Escribimos sobre la ausencia para acercarnos.
Escribimos sobre la guerra y sobre la paz, sobre la violencia y sobre la tranquilidad, sobre las lágrimas y las sonrisas.
Escribimos sobre las espaldas de las gentes que no nos miran.
Escribimos sobre los destierros, los exilios y sus fronteras.
Escribimos.
(Que quede claro que todo lo anterior, no son temas sobre los que se escriba: son superficies).
Escribimos sobre nuestros fantasmas para ver si viéndolos de frente nos asustan menos.
Escribimos sobre los amores que no tenemos para eternizarlos en ese instante que dura la pluma (o el procesador de texto) trazando sus nombres, sus características, sus calificativos.
Escribimos sobre el mundo para ver si alcanzamos a entenderlo tanto como decimos que lo hacemos. Escribimos sobre la muerte para que a la vida le den un poquito de celos y decida quedarse otro ratito.
Escribimos sobre la ausencia para acercarnos.
Escribimos sobre la guerra y sobre la paz, sobre la violencia y sobre la tranquilidad, sobre las lágrimas y las sonrisas.
Escribimos sobre las espaldas de las gentes que no nos miran.
Escribimos sobre los destierros, los exilios y sus fronteras.
Escribimos.
(Que quede claro que todo lo anterior, no son temas sobre los que se escriba: son superficies).
lunes, 14 de abril de 2014
Nuestro primer beso
Nuestro primer beso será todo lo que pueda ser: dulce, delicado, salvaje, irreverente, apasionado, aromático, único, mágico, ingenuo, sumiso, agresivo, volátil, certero, sincero, auténtico. Estará rodeado por un halo de misterio y adrenalina que nos convertirá la respiración y el cuerpo en tormentas tropicales de bolsillo.
En nuestro primer beso no habrá espacio para el decoro o para la duda, será el instinto puro de la supervivencia de esto que nos mantiene unidos aún cuando no. Nos dejará llenos y vacíos al mismo tiempo. Repintará lo que creíamos haber pintado de color tristeza. Nos inflará (de nuevo) el alma.
Siempre que ese primer beso esté no nos faltará agua potable, ni comida, ni refugio; ni habrá crucigramas que nos atoren las palabras en la garganta o en los dedos. Con la lengua nos quitaremos el miedo, el frío, la sed. Entre tu boca y la mía estará el sitio indicado para poner cualquier cosa que nos haga lo suficientemente felices como para llorar juntos por ello.
En ese primer beso nos cabrán todos los años que hemos pasado buscándolo. Explotará en nuestros labios como un sol en formación (y en miniatura). Nos recordará que la piedrita que sentíamos en el zapato del pecho es un corazón que late y que no quiere otra cosa que ser tratado como un ave herida.
Nuestro primer beso será el principio de una marabunta de besos, de una jauría de besos, de un tumulto de besos, de un cardumen de besos, de una parvada de besos, de una avalancha de besos, de una multitud de besos, de una colección de besos. De todo lo que pueda iniciarse con un beso.
En nuestro primer beso no habrá espacio para el decoro o para la duda, será el instinto puro de la supervivencia de esto que nos mantiene unidos aún cuando no. Nos dejará llenos y vacíos al mismo tiempo. Repintará lo que creíamos haber pintado de color tristeza. Nos inflará (de nuevo) el alma.
Siempre que ese primer beso esté no nos faltará agua potable, ni comida, ni refugio; ni habrá crucigramas que nos atoren las palabras en la garganta o en los dedos. Con la lengua nos quitaremos el miedo, el frío, la sed. Entre tu boca y la mía estará el sitio indicado para poner cualquier cosa que nos haga lo suficientemente felices como para llorar juntos por ello.
En ese primer beso nos cabrán todos los años que hemos pasado buscándolo. Explotará en nuestros labios como un sol en formación (y en miniatura). Nos recordará que la piedrita que sentíamos en el zapato del pecho es un corazón que late y que no quiere otra cosa que ser tratado como un ave herida.
Nuestro primer beso será el principio de una marabunta de besos, de una jauría de besos, de un tumulto de besos, de un cardumen de besos, de una parvada de besos, de una avalancha de besos, de una multitud de besos, de una colección de besos. De todo lo que pueda iniciarse con un beso.
miércoles, 8 de enero de 2014
Declaración
Soy una colección de miedos de todos tamaños, colores y calibres. Me sé vulnerable al sudor frío. Respiro agitadamente y contengo la respiración casi al mismo tiempo. Sonrío en pagos y lloro al contado. Desequilibro suposiciones. Muerdo manos que alimentan. Dudo como quien mira y no ve nada. Predigo el pasado. Toco la guitarra, el piano y la armónica, escribo canciones, canto. Sueño más de lo que duermo. Tropiezo y el cielo es la piedra.
Estoy.
Estoy.
domingo, 5 de enero de 2014
Ley de los estados equivalentes.
Para hablar de cómo la quiero, de cuánto la quiero o de por qué la quiero podría usar cualquier espacio en donde se me conceda la palabra. Para mí, ella es el barco, el mar y la tormenta; todos en un mismo (e inmejorable) empaque. Me sabe suyo, tal y como ella es para sí.
Me desencadena los insomnios, las sonrisas, los llantos, el anhelo de llegar, las ganas de irme, la razón para quedarme. Articula frases cortas que me erizan la piel del mismo modo en que lo hace el frío de una madrugada de enero.
Es mi melena de Sansón, mi talón de Aquiles, mi refugio. Desconoce el epicentro en que me ha convertido el pecho; pero no es su culpa. Yo, como buen profesional en el uso de la discreción y sus motivos he sabido quedarme callado, lo suficiente como para que haya habido tiempo de recoger escombros, de cimentar reconstrucciones.
Yo sería incapaz de llamarla por calificativos deleznables. Siendo ella la flor más bonita de mi balcón, no me queda más que aprender a regar con soltura.
(Y es que he oído que hay flores que se han escapado de sus macetas).
Siempre, al querer tanto a alguien, se desquiere a otro alguien que, generalmente, terminamos por ser nosotros mismos. Y no, no es demagogia, es una ley de la alquimia llamada «Ley de los estados equivalentes» que dicta que si quieres obtener algo, debes dar algo del mismo valor a cambio.
Me desencadena los insomnios, las sonrisas, los llantos, el anhelo de llegar, las ganas de irme, la razón para quedarme. Articula frases cortas que me erizan la piel del mismo modo en que lo hace el frío de una madrugada de enero.
Es mi melena de Sansón, mi talón de Aquiles, mi refugio. Desconoce el epicentro en que me ha convertido el pecho; pero no es su culpa. Yo, como buen profesional en el uso de la discreción y sus motivos he sabido quedarme callado, lo suficiente como para que haya habido tiempo de recoger escombros, de cimentar reconstrucciones.
Yo sería incapaz de llamarla por calificativos deleznables. Siendo ella la flor más bonita de mi balcón, no me queda más que aprender a regar con soltura.
(Y es que he oído que hay flores que se han escapado de sus macetas).
Siempre, al querer tanto a alguien, se desquiere a otro alguien que, generalmente, terminamos por ser nosotros mismos. Y no, no es demagogia, es una ley de la alquimia llamada «Ley de los estados equivalentes» que dicta que si quieres obtener algo, debes dar algo del mismo valor a cambio.
sábado, 20 de agosto de 2011
¿Por qué te escribo?
Te escribo porque me resulta sencillo malabarear puntos y comas, reorganizar abecedarios y diagnosticar frases que te hagan enterarte de mi.
Te escribo porque es un método eficaz de atentar contra el olvido y porque la distancia termina con un click en el ícono de "enviar".
Te escribo porque me rehúso a permitir que sean otras letras las que te acaricien las pupilas y la piel, las que te germinen la sonrisa.
Te escribo porque, simplemente, no tengo otro modo de acariciarte el cabello y darte un beso en la frente.
Te escribo porque es un método eficaz de atentar contra el olvido y porque la distancia termina con un click en el ícono de "enviar".
Te escribo porque me rehúso a permitir que sean otras letras las que te acaricien las pupilas y la piel, las que te germinen la sonrisa.
Te escribo porque, simplemente, no tengo otro modo de acariciarte el cabello y darte un beso en la frente.
martes, 9 de agosto de 2011
Para no estorbarle a tus pulmones.
Vienes y te vas...
Cargada de silencios que hieren de muerte a los oídos.
Se te olvida que estamos los que te vemos pasar y volamos un poco.
Los que pedimos de limosna una mirada, con medio pestañeo incluído.
Y no hablo precisamente de esa compasión idiota que se le tiene al que vive de rodillas, sino de la genuina empatía que hay cuando alguien agoniza tan fuerte por adentro, que los estragos se notan por fuera.
No por nada mi bolígrafo baila cuando te nota cerca.
No por nada escupe tinta en forma de algo parecido a las sobras de la mesa de Neruda, solamente para que tus ojos se posen encima y escurran un poquito de luz, un poquito de brillo, un poquito de esmalte.
Estoy seguro que, si quisieras, me dejarías acercarme para respirarte una sola vez detras del cuello. Pero como no quieres, me resulta más sencillo dejar de respirar para no estorbarle a tus pulmones cuando exhalen algo parecido a un suspiro.
Cargada de silencios que hieren de muerte a los oídos.
Se te olvida que estamos los que te vemos pasar y volamos un poco.
Los que pedimos de limosna una mirada, con medio pestañeo incluído.
Y no hablo precisamente de esa compasión idiota que se le tiene al que vive de rodillas, sino de la genuina empatía que hay cuando alguien agoniza tan fuerte por adentro, que los estragos se notan por fuera.
No por nada mi bolígrafo baila cuando te nota cerca.
No por nada escupe tinta en forma de algo parecido a las sobras de la mesa de Neruda, solamente para que tus ojos se posen encima y escurran un poquito de luz, un poquito de brillo, un poquito de esmalte.
Estoy seguro que, si quisieras, me dejarías acercarme para respirarte una sola vez detras del cuello. Pero como no quieres, me resulta más sencillo dejar de respirar para no estorbarle a tus pulmones cuando exhalen algo parecido a un suspiro.
viernes, 15 de julio de 2011
Como dijo Méliés.
-Tienes que comportarte como un jugador de Póker. Jamás muestres tus dudas ni tu miedo. En tu mano tienes una carta maestra, tu corazón. Crees que es una debilidad, pero si tomas la opción de asumir esa fragilidad, éste reloj-corazón te convertirá en alguien especial. ¡Lo que te hace diferente será tu arma de seducción!
-¿Mi discapacidad como arma de seducción? ¿Lo dice en serio?
-¡Pues claro! ¿Acaso a ti no te ha encandilado ella a pesar de su defecto en la vista?
-Oh, no es eso...
-No es eso, evidentemente, pero esta "diferencia" participa en su encanto. Utiliza la tuya, es el momento.
-¿Mi discapacidad como arma de seducción? ¿Lo dice en serio?
-¡Pues claro! ¿Acaso a ti no te ha encandilado ella a pesar de su defecto en la vista?
-Oh, no es eso...
-No es eso, evidentemente, pero esta "diferencia" participa en su encanto. Utiliza la tuya, es el momento.
domingo, 12 de junio de 2011
De_presión
No me he levantado y todo porque ni la cama ha podido escupirme. Esto parece ser la señalización de que están por llegar mis días de depresión.
Y es que yo también me deprimo, como las aves que no vuelan y como los caracoles velocistas. Me deprimo porque aprendí a hacerlo. Me deprimo porque es fácil, porque es barato y porque puedo hacerlo a solas, a oscuras y a ciegas.
Uno puede hacerlo todo cuando está deprimido, como por ejemplo: intentar detener un tren con las manos o sentarse a leer un buen libro. Ver una película o comerse el postre más delicioso del mundo, pero nada tendría sentido, sabor, color.
La depresión altera la realidad, le quita los colores al mundo, estorba al caminar como una piedra en el zapato, da comezón como un piquete de mosquito. Duele como un dolor de muelas.
Mi remedio para ella es hablarle a las banquetas, traer las manos en los bolsillos, ahorrar sonrisas para usarlas en un momento de mayor (y mejor) urgencia, ponerme el cielo como una playera sin planchar y tararear alguna canción de la que no me he aprendido la letra.
Y es que la depresión, como tantas otras enfermedades, no es curable, solamente es tratable.
Y es que yo también me deprimo, como las aves que no vuelan y como los caracoles velocistas. Me deprimo porque aprendí a hacerlo. Me deprimo porque es fácil, porque es barato y porque puedo hacerlo a solas, a oscuras y a ciegas.
Uno puede hacerlo todo cuando está deprimido, como por ejemplo: intentar detener un tren con las manos o sentarse a leer un buen libro. Ver una película o comerse el postre más delicioso del mundo, pero nada tendría sentido, sabor, color.
La depresión altera la realidad, le quita los colores al mundo, estorba al caminar como una piedra en el zapato, da comezón como un piquete de mosquito. Duele como un dolor de muelas.
Mi remedio para ella es hablarle a las banquetas, traer las manos en los bolsillos, ahorrar sonrisas para usarlas en un momento de mayor (y mejor) urgencia, ponerme el cielo como una playera sin planchar y tararear alguna canción de la que no me he aprendido la letra.
Y es que la depresión, como tantas otras enfermedades, no es curable, solamente es tratable.
jueves, 2 de junio de 2011
Desvelo.
Siempre que voy a empezar a escribir, me asomo a la ventana y me doy cuenta que es de noche, que casi no hay gente afuera y que se escucha un concierto acústico de unos cuantos grillos en el patio trasero de mi casa (o de donde sea que ande).
Comenzar a escribir (sobre cualquier cosa) es tirarse de un avión sin paracaídas. No sabe uno a dónde es que va a aterrizar, y, sobre todo, si es que va a aterrizar entero.
Yo tiendo a escribir sobre el mismo tema: un amor que no tengo.
Es así como exorciso mis demonios, escribiéndolos fuera de mi, lejos. La cosa es que los muy hijos de puta sólo se van de parranda y regresan entrada la madrugada a despertarme, a no dejarme seguir soñando con ese amor que no tengo (aunque en el sueño Sí lo haya tenido).
Me he acostumbrado a dormir poco, a cerrar las cortinas en la mañana y quedarme tirado en cama, dormitando (mejor dicho: fingiendo que duermo) para ver si así logro engañar al insomnio y consigo tener (aunque sean prestadas) unas cuantas horas de sueño.
Y es que, de verdad, a mí me gusta dormir. Porque durmiendo sueño y cuando sueño, la veo a ella, conmigo, aquí. Y bueno, eso, a tipos como yo, nos hace muy felices.
Me voy a dormir (o a ver si duermo) y de mientras, dejo anotado ésto en mi cuaderno de trabajo:
"Escribo de noche porque la luz del sol hace que se me percudan las ideas"
Comenzar a escribir (sobre cualquier cosa) es tirarse de un avión sin paracaídas. No sabe uno a dónde es que va a aterrizar, y, sobre todo, si es que va a aterrizar entero.
Yo tiendo a escribir sobre el mismo tema: un amor que no tengo.
Es así como exorciso mis demonios, escribiéndolos fuera de mi, lejos. La cosa es que los muy hijos de puta sólo se van de parranda y regresan entrada la madrugada a despertarme, a no dejarme seguir soñando con ese amor que no tengo (aunque en el sueño Sí lo haya tenido).
Me he acostumbrado a dormir poco, a cerrar las cortinas en la mañana y quedarme tirado en cama, dormitando (mejor dicho: fingiendo que duermo) para ver si así logro engañar al insomnio y consigo tener (aunque sean prestadas) unas cuantas horas de sueño.
Y es que, de verdad, a mí me gusta dormir. Porque durmiendo sueño y cuando sueño, la veo a ella, conmigo, aquí. Y bueno, eso, a tipos como yo, nos hace muy felices.
Me voy a dormir (o a ver si duermo) y de mientras, dejo anotado ésto en mi cuaderno de trabajo:
"Escribo de noche porque la luz del sol hace que se me percudan las ideas"
jueves, 26 de mayo de 2011
La pecera.
Hay miradas que son como telas deslavadas: lo supe hoy, cuando me vi al espejo.
Traigo a cuestas las ganas de verla y la cobardía de no llamarle.
Por eso me siento como un saco de arena,
un saco de arena golpeado por un destino boxeador,
un saco de arena al que le crujen las cadenas y se le descosen las costuras.
Me fallan los reflejos y sonrío a destiempo, me llueve la mirada y se me anuda la garganta.
No traigo mariposas en la panza sino vacío, oscuro y silencioso vacío, no me doy cuenta cómo ni cuándo pasa el tiempo, pero sé que pasa porque el cabello y la barba me crecen, porque me da hambre, porque me da sueño.
La extraño como la pecera al mar.
Traigo a cuestas las ganas de verla y la cobardía de no llamarle.
Por eso me siento como un saco de arena,
un saco de arena golpeado por un destino boxeador,
un saco de arena al que le crujen las cadenas y se le descosen las costuras.
Me fallan los reflejos y sonrío a destiempo, me llueve la mirada y se me anuda la garganta.
No traigo mariposas en la panza sino vacío, oscuro y silencioso vacío, no me doy cuenta cómo ni cuándo pasa el tiempo, pero sé que pasa porque el cabello y la barba me crecen, porque me da hambre, porque me da sueño.
La extraño como la pecera al mar.
domingo, 20 de febrero de 2011
Carta de amor de una amiga a su (ex) novio.
El que me guste columpiarme de una pluma sobre una hoja en blanco, me ha generado (a veces) la fama de que "escribo bonito".
Por ende, algunas de mis amigas recurren a mí para escribirle cosas a sus galanes y al más puro estilo de Cyrano de Bergerac, me pongo a trabajar. Hoy comparto una de esas cartas. Sin el nombre "real" de la "autora intelectual".
Y todo empezó por un mensaje.
Esta aventura de darse entero, de sentir el corazón como una montaña rusa, de saberse ligero, sin peso, flotante; enamorado.
Es cierto que me escribiste de madrugada, y que bastó ese mensaje de texto para notarte entre la gente, para reconocer que existes. Y que había la posibilidad de convertir lo singularmente triste, en algo pluralmente bello.
También es cierto que durante 4 años y 9 meses vivimos cosas que, a veces, sólo viven los personajes de los cuentos. (Si, quizás con cierto toque de realidad como pequeñas discusiones, peleas tonta; pero que a fin de cuentas, eran la sal y pimienta de este amor guerrero).
¿Cómo explicarte que la ruptura me partió por dentro?
No verte es como usar un grillete en todos lados, no me encuentro ni en los espejos y me resulta extremadamente difícil levantarme de la cama todos los días, sabiendo que no estarás ahí para compartirme tus atardeceres.
Te confieso que la lección fue aprendida: estar sin ti no me hace ningún bien.
Por eso quiero enviar este mensaje, de la misma forma en que se extiende una bandera blanca a la mitad de un campo de batalla.
Para que sepas que he entendido muchas cosas que antes no entendía, por ejemplo, que los celos absurdos y los reclamos innecesarios ya no formen parte de mi guardarropa habitual.
Estoy dispuesta a agarrarme a cachetadas con el destino, a pelear a muerte contra el invierno, solamente es cosa de que me dejes demostrarlo.
Hazme solamente un pequeño favor: voltea y míralo tu mismo.
No dejes que sean mis palabras las que te convenzan, te aseguro que sería mucho mejor convencerte con mis labios enroscados en los tuyos, con mis brazos de bufanda.
Aquí sigo, para cuando te acuerdes, para cuando me quieras, para cuando sepas que te amo con todas y cada una de las células de mi cuerpo.
Atte.
Jane Doe.
Por ende, algunas de mis amigas recurren a mí para escribirle cosas a sus galanes y al más puro estilo de Cyrano de Bergerac, me pongo a trabajar. Hoy comparto una de esas cartas. Sin el nombre "real" de la "autora intelectual".
Y todo empezó por un mensaje.
Esta aventura de darse entero, de sentir el corazón como una montaña rusa, de saberse ligero, sin peso, flotante; enamorado.
Es cierto que me escribiste de madrugada, y que bastó ese mensaje de texto para notarte entre la gente, para reconocer que existes. Y que había la posibilidad de convertir lo singularmente triste, en algo pluralmente bello.
También es cierto que durante 4 años y 9 meses vivimos cosas que, a veces, sólo viven los personajes de los cuentos. (Si, quizás con cierto toque de realidad como pequeñas discusiones, peleas tonta; pero que a fin de cuentas, eran la sal y pimienta de este amor guerrero).
¿Cómo explicarte que la ruptura me partió por dentro?
No verte es como usar un grillete en todos lados, no me encuentro ni en los espejos y me resulta extremadamente difícil levantarme de la cama todos los días, sabiendo que no estarás ahí para compartirme tus atardeceres.
Te confieso que la lección fue aprendida: estar sin ti no me hace ningún bien.
Por eso quiero enviar este mensaje, de la misma forma en que se extiende una bandera blanca a la mitad de un campo de batalla.
Para que sepas que he entendido muchas cosas que antes no entendía, por ejemplo, que los celos absurdos y los reclamos innecesarios ya no formen parte de mi guardarropa habitual.
Estoy dispuesta a agarrarme a cachetadas con el destino, a pelear a muerte contra el invierno, solamente es cosa de que me dejes demostrarlo.
Hazme solamente un pequeño favor: voltea y míralo tu mismo.
No dejes que sean mis palabras las que te convenzan, te aseguro que sería mucho mejor convencerte con mis labios enroscados en los tuyos, con mis brazos de bufanda.
Aquí sigo, para cuando te acuerdes, para cuando me quieras, para cuando sepas que te amo con todas y cada una de las células de mi cuerpo.
Atte.
Jane Doe.
domingo, 13 de febrero de 2011
Carta de un hombre a su corazón.
Siempre, en febrero, me da por jugar a la ruleta rusa; siempre pierdo. La cosa es que todos los años, la bala que me meto, con la que cargo el Smith & Wesson, es el día 14 de Febrero.
Así es: Me vuelo la tapa de los sesos con un día.
Corazón:
De verdad, tú no aprendes.
Ya sabes que este día nos va fatal, a ti y a mí, así que ¿para qué seguir con lo mismo? ¡Tú ya sabes que ella no nos quiere! Deja de hacerte de la vista gorda. ¡Te lo digo por tu bien!
A estas alturas del partido no sirve de nada que creas que, porque llevas ya 4 años esperando bajo la tormenta, ella va a voltear a verte. Te lo juro, en éstos casos, la fe es como darle un par de lentes de Sol RayBan a un ciego, o sea, es darle a un pobre hombre un cacharro para engalanar una condena de por vida.
Si, ya sé que quieres ser el primero en mandarle un mensaje de texto. Pero dime ¿qué ganarías? le da lo mismo que estés o no. Que te vayas o que te quedes.
Sé también que quieres darte como regalo; pero, no creo que sea una buena idea. Salvo que tengas la vocación de un piloto Kamikaze. Y no, la soga al cuello no es una solución, así es como los cobardes encuentran la salida de los laberintos. Pero ni tú ni yo somos cobardes ¿verdad?
Pero bueno, ahora si, lo importante, ¿quieres ir a buscarla? ¡pues ve! pero no vengas después a molestarme, todo raspado, herido, despostillado, por haberla visto con alguien más.
Atentamente:
El de afuera.
Así es: Me vuelo la tapa de los sesos con un día.
Corazón:
De verdad, tú no aprendes.
Ya sabes que este día nos va fatal, a ti y a mí, así que ¿para qué seguir con lo mismo? ¡Tú ya sabes que ella no nos quiere! Deja de hacerte de la vista gorda. ¡Te lo digo por tu bien!
A estas alturas del partido no sirve de nada que creas que, porque llevas ya 4 años esperando bajo la tormenta, ella va a voltear a verte. Te lo juro, en éstos casos, la fe es como darle un par de lentes de Sol RayBan a un ciego, o sea, es darle a un pobre hombre un cacharro para engalanar una condena de por vida.
Si, ya sé que quieres ser el primero en mandarle un mensaje de texto. Pero dime ¿qué ganarías? le da lo mismo que estés o no. Que te vayas o que te quedes.
Sé también que quieres darte como regalo; pero, no creo que sea una buena idea. Salvo que tengas la vocación de un piloto Kamikaze. Y no, la soga al cuello no es una solución, así es como los cobardes encuentran la salida de los laberintos. Pero ni tú ni yo somos cobardes ¿verdad?
Pero bueno, ahora si, lo importante, ¿quieres ir a buscarla? ¡pues ve! pero no vengas después a molestarme, todo raspado, herido, despostillado, por haberla visto con alguien más.
Atentamente:
El de afuera.
jueves, 3 de febrero de 2011
Té
Ingredientes:
1 Luna llena.
1 Pareja del sexo opuesto (Del mismo sexo: al gusto).
1 Bañera.
1 Sobre pequeño de tela Pellón
3 velas.
Preparación del Té:
1. Meter la luna en el sobrecito.
2. Llenar con agua caliente la bañera.
3. Meterse a la bañera de cuerpo entero y acompañado.
4. Poner el sobre con la Luna en el agua, para que suelte su esencia con sabor y olor a Canela.
5. Prender una vela a su espalda, otra a la espalda de su pareja y otra en un punto intermedio, de preferencia a la derecha.
6. Mirar a su pareja a los ojos como si no fuera a haber mañana.
7. Tocar con los dedos las piernas, brazos y los hombros de su pareja.
8. Besar los labios de su pareja como si de eso dependiera cada bocanada de oxígeno que les mantiene vivos.
9. Recordar la sinfonía del Té: MirarTE, tocarTE, BesarTE... soñarTE.
1 Luna llena.
1 Pareja del sexo opuesto (Del mismo sexo: al gusto).
1 Bañera.
1 Sobre pequeño de tela Pellón
3 velas.
Preparación del Té:
1. Meter la luna en el sobrecito.
2. Llenar con agua caliente la bañera.
3. Meterse a la bañera de cuerpo entero y acompañado.
4. Poner el sobre con la Luna en el agua, para que suelte su esencia con sabor y olor a Canela.
5. Prender una vela a su espalda, otra a la espalda de su pareja y otra en un punto intermedio, de preferencia a la derecha.
6. Mirar a su pareja a los ojos como si no fuera a haber mañana.
7. Tocar con los dedos las piernas, brazos y los hombros de su pareja.
8. Besar los labios de su pareja como si de eso dependiera cada bocanada de oxígeno que les mantiene vivos.
9. Recordar la sinfonía del Té: MirarTE, tocarTE, BesarTE... soñarTE.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Re-flexionando
Si sigo mirando al suelo, no van a crecerme las alas.
Llegué a la conclusión de que es hora de quitarme la pausa, de ponerle a mi corazón rodilleras, coderas, casco y de salir a la calle (de nuevo) en patines. (odio las patinetas).
La cosa es que no todo es tan sencillo, uno no cuenta con que el pavimento no siempre es adecuado, ni con el tráfico pesado, ni con la mala puntería de un cupido que, a falta de flechas, decidió cambiar el arco por una Bazooka con mira láser.
Ya sabemos que lo que le sigue a la caída, invariablemente es el golpe, entonces, ¿A qué hay que tenerle miedo? yo creo que a lo único a lo que hay que temerle es a probar todos los días el sabor dulce/ácido/amargo del "hubiera". A quedarnos estáticos, sin movimiento, como esperando a que la desdicha nos saque una foto.
Es mejor quitarle el polvo a los sueños, sacarlos de la jaula y echarlos a volar. ¿Quién sabe? quizás, uno de éstos días, uno de ellos regrese, se pose en tu ventana y te cante su canción; o mejor aún, haga un nido bajo el techo de tu casa.
La materia prima de este juguete de la vida es la oportunidad, el riesgo, lo desconocido.
Por eso, yo recomiendo ampliamente tirarse a vivir, sin paracaídas.
Llegué a la conclusión de que es hora de quitarme la pausa, de ponerle a mi corazón rodilleras, coderas, casco y de salir a la calle (de nuevo) en patines. (odio las patinetas).
La cosa es que no todo es tan sencillo, uno no cuenta con que el pavimento no siempre es adecuado, ni con el tráfico pesado, ni con la mala puntería de un cupido que, a falta de flechas, decidió cambiar el arco por una Bazooka con mira láser.
Ya sabemos que lo que le sigue a la caída, invariablemente es el golpe, entonces, ¿A qué hay que tenerle miedo? yo creo que a lo único a lo que hay que temerle es a probar todos los días el sabor dulce/ácido/amargo del "hubiera". A quedarnos estáticos, sin movimiento, como esperando a que la desdicha nos saque una foto.
Es mejor quitarle el polvo a los sueños, sacarlos de la jaula y echarlos a volar. ¿Quién sabe? quizás, uno de éstos días, uno de ellos regrese, se pose en tu ventana y te cante su canción; o mejor aún, haga un nido bajo el techo de tu casa.
La materia prima de este juguete de la vida es la oportunidad, el riesgo, lo desconocido.
Por eso, yo recomiendo ampliamente tirarse a vivir, sin paracaídas.
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